martes, 28 de febrero de 2012

Las imágenes de televisión demuestran que Pepe no toca a Alves



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N.A.R. Algo que derrite la tierra sobre la que se instala.

Por: Mauricio Bravo Carreño

Texto sobre los gestos borrados, las miradas evadidas, las emociones excluidas en las prácticas artísticas post freudistas.

Introducción general.

En un momento donde las practicas artísticas, al parecer ya no son capaces de reestructurar su carácter rupturista ni sus poderes de puesta en crisis de las políticas institucionales que determinan su inanidad crítica, no parece posible erigir proyectos en los cuales ambos anhelos tengan un posible cumplimiento.

En efecto, los empeños relacionales o las estéticas de lo alternativo, panaceas visibles de un arte que desea ser la diferencia constituyente en un contexto de realidad marcado por el sin sentido maquiníco del proyecto neoliberal, han sido completamente recuperadas y absorbidas al interior de un mercado cultural, que en el presente se manifiesta omnipotente y liquido, mas aun, flexible y mutante, liberado de afectos y significaciones existenciales que pudieran mermar su acelerada realización global.

Claramente el arte actual más allá de las buenas intenciones expresadas por sus protagonistas, gestores y actores, ha caído en la más profunda de las inercias, saturado de eventualidades que celebran su importancia y preponderancia en tanto disciplina vigilante de los desigualdades ontológicas acontecidas en la sociedad, se ha mostrado como un espacio sin vitalidad y peor aun sin reservas problemáticas que pudieran legitimar la verosimilitud de su tarea liberadora pregonada en bienales, textos críticos y salones de clase.



El arte en su versión integrada al fatídico proyecto de neoliberación de las formas de ser y del ser no ha cumplido otra misión que transformarse en la guinda de la torta, es decir, en un detalle ornamental que decora un sistema societal en donde la vida ha quedado capturada en agenciamientos que procesan su multiplicidad y la reprograman en función de la continuidad redundante del ciclo mítico del consumo y la producción.

Artistas por la paz mundial, creadores unidos inventando tácticas para rescatar etnias o comunidades sumidas en la exclusión, espacios de exposición que buscan des-agregarse del circuito expositivo oficial alojándose en periferias artificiales, curadores desesperados por encontrar grupos sociales en extinción para legitimar una labor comprometida en el mercado global, estudiantes desencantados que dadaisan su hacer exorcizando la angustia que les provoca habitar realidades universitarias sin asideros referenciales consistentes, todas estas modalidades de trabajo son las axiomáticas que moviliza el capital en su performance integrada, no hay que sorprenderse, en su conjunto estas acciones y reacciones constituyen el modo en que el capitalismo cognitivo realiza la apropiación intensiva de los espacios culturales, generando polaridades y jerarquías en su interior que a la larga solo garantizan el eterno retorno de su voluntad productiva.